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Jue, Jun

Telecomunicaciones

Las dificultades económicas que enfrenta la mayoría de los operadores de telecomunicaciones ponen en duda su viabilidad en los próximos meses, en un mercado profundamente desequilibrado y sin medidas concretas del gobierno para corregir la crisis.

Con el anuncio del arribo de Telecall al país, ya son 5 los operadores móviles de red y 6 operadores móviles virtuales (OMV) en un mercado donde solo uno de los competidores tiene más del 50 % de los clientes y los ingresos. La industria, por sus altos costos fijos para el desarrollo y operación de infraestructura de redes de telecomunicaciones, necesita un porcentaje mínimo de participación para que cada uno de los actores alcance el equilibrio financiero.

En la situación actual, no están dadas las condiciones para que haya 5 empresas con operaciones sanas. Esto repercute inevitablemente en las inversiones que son capaces de llevar a cabo, impactando la cobertura y calidad del servicio. Las evidencias abundan.

WOM fue acogida en proceso de reorganización por la Superintendencia de Sociedades y requiere una inyección de al menos 400 mil millones de pesos. Pero aunque reciba esa capitalización, la compleja perspectiva no cambia.

De hecho, 20 MiPyME del Tolima, que prestaron servicios para el montaje y mantenimiento de antenas, acusan a WOM de llevarlas a la quiebra pues no les han pagado desde diciembre de 2023.

En el primer trimestre de 2024, los ingresos de TIGO-UNE se redujeron un 1,41 % frente al mismo periodo de 2023, y la empresa tuvo pérdidas por 95.324 millones de pesos, después de haber sido capitalizada por sus socios con 250 mil millones de pesos hace pocos meses. 

Movistar experimentó un retroceso interanual del 8,3 % de las utilidades, con un resultado neto negativo de 114.000 millones de pesos. Estos datos incluyen las operaciones fijas y móviles de ambas empresas, pero es en los celulares donde experimentan las mayores dificultades.

TIGO-UNE y Movistar acordaron unificar sus redes de acceso móvil, lo que, como primer resultado, colaboró para la mejora en la calificación de ambas empresas por parte de las agencias calificadoras y alivió la crítica perspectiva que había sobre TIGO, especialmente de cara a la subasta de 5G.

Por su parte, Claro, que según la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) ostenta la posición dominante en el mercado por su tamaño relativo y absoluto, barreras de entrada y competencia potencial, fue la única empresa con números positivos: sus ingresos totales crecieron 1,2 % (0,4 % en los móviles), con una utilidad operacional de 698.000 millones de pesos en el primer trimestre de 2024.

Como se ve, ni siquiera Claro se salva del contexto económico, pues a pesar de crecer en más de 500.000 clientes móviles, sus utilidades disminuyeron 12,4 % en comparación con los primeros tres meses de 2023.

A pesar de que la cobertura de los servicios móviles ha aumentado en los últimos años, estimulada por las obligaciones de hacer que incluyen las subastas de espectro radioeléctrico, la percepción de calidad no ha mejorado e incluso, en términos de velocidad de descarga, ha disminuido.

La comparación internacional de la velocidad de descarga en 4G muestra que Colombia ha decrecido. De hecho, fue el país de la OCDE con la velocidad más baja en 2022. Según la CRC, la velocidad promedio de descarga a nivel nacional fue de 12,46 Mbps, lo que representa una disminución del 1,3% respecto al año 2021.

Según la CRC, en un mercado donde haya competencia efectiva, los usuarios podrían experimentar una calidad de servicios superior a la actual. Lo que no está sucediendo.

Se estima que un mercado sano tiene, por lo general, tres o cuatro operadores de telecomunicaciones. Esto, en teoría, permite una competencia efectiva, evitando monopolios y fomentando tanto la innovación como la reducción de precios.

Hay que reconocer que en el sector telco de Colombia la competencia estimula el rápido despliegue de nuevas tecnologías, como el 5G, a diferencia de otros países como Argentina, donde esas actualizaciones se dan a un menor ritmo, a pesar de contar con los permisos para hacerlo.

Y también que el esfuerzo de WOM por bajar tarifas como estrategia para conquistar clientes, motivó una importante reducción en los precios de todos los operadores, lo que ha hecho de Colombia uno de los países con los servicios móviles más económicos de la región. Ambas situaciones benefician a los usuarios en el corto plazo, pero ¿a qué costo?

Tenemos a empresas obligadas a sostener en el tiempo altos niveles de inversión para mantener y escalar la operación de sus redes, lo cual incluye costos de capital (Capex) y costos de operación (Opex), no obstante una significativa reducción en los ingresos promedio por usuario: con la llegada de WOM, el ingreso promedio por MB (ARPMB) pasó de 5,2 pesos a 2,3 pesos (-56 %).

Esto responde a decisiones empresariales sobre las que los operadores se tienen que hacer responsables. Pero coincidió con un contexto de alta inflación, altas tasas de interés y disminución del consumo de los hogares, así como una expectativa negativa de los analistas económicos para la economía nacional en el mediano plazo.

¿Qué hacer con los operadores móviles?

El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, dijo en días pasados, a propósito de la fragmentación del mercado y la hipercompetencia: “Tenemos mayor número de operadores en España que en toda China o en todo Estados Unidos” (…) “Parece que queremos tener 5 o 6 redes compitiendo a la vez, pero no hay recursos para tantas redes”.

En relación con los comentarios del ejecutivo, y aplicados a Colombia, es hora de que las autoridades nacionales comprendan que más competidores no significa una mayor y mejor competencia.

Si el MinTIC decide llevar a cabo la subasta de espectro regional, debe estructurarse de tal forma que las pequeñas ISP locales se vean beneficiadas, y no dirigirla exclusivamente a operadores como Emcali y ETB que, además, atraviesan situaciones financieras igual de complicadas a las de los operadores nacionales.

Por otro lado, es hora de igualar las condiciones de acceso al espectro radioeléctrico para operadores nuevos y actuales. Por ejemplo, en lo que tiene que ver con cargos diferenciales de acceso a la red para los entrantes, ya que hoy se trata de un importante incentivo para que ingresen nuevos actores. Quienes quieran hacerlo en el futuro deberán estar dispuestos a jugar en las mismas condiciones que el resto.

Es clave seguir reduciendo el precio del espectro hasta llegar a un nivel razonable y, a la vez, elevar las obligaciones de cobertura y las sanciones para quien no cumpla.

Pero nada de esto servirá mientras cuatro empresas tengan que repartirse el 44% del mercado. Lo más complejo es que, en estas condiciones, una eventual adquisición de empresas en dificultades por parte de nuevos jugadores internacionales, que podría ser una solución, no despierta interés, como hemos visto con WOM. Esto solo deja un panorama de posibles fusiones entre los competidores (que llegarán más temprano que tarde) o liquidaciones.

La CRC ha expedido recientemente algunas medidas para contener la influencia negativa que pueden llegar a tener “el o los operadores dominantes” (Claro) en el mercado. Determinaciones que, a pesar de estar bien sustentadas y analizadas, no disminuirán el tamaño de la empresa mexicana, cuya preponderancia es tal, que ha mantenido en el tiempo precios superiores a sus competidores, sin que esto merme su constante crecimiento.

Si el gobierno quiere que sobrevivan las 5 empresas que hay en la actualidad en el país, de las cuales una apenas va a comenzar su operación, tendrá que tomar una decisión más contundente para reducir el tamaño e influencia del operador dominante.

Fuente: Impacto TIC – Mayo 31 de 2024 

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