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Lun, Dic

Telecomunicaciones

La ETB, en otras palabras, decidió meterse al ring con Mike Tyson, Mohammed Ali y Mano de Piedra Durán al mismo tiempo, y no tenía chance alguno de ganar la pelea.

Recientemente el concejal Diego Cancino ha abierto un debate en Bogotá por las pérdidas de más de COP 600.000 millones declaradas por la ETB en su operación móvil. Estas pérdidas se reflejan también en el valor de su acción, que desde 2014 a hoy ha caído de 560 pesos a 118 pesos, un deterioro cercano al 80%. El mercado valora hoy el total de las acciones de ETB en alrededor de COP 400.000 millones, reflejando una pérdida de valor de más de COP 1.6 billones en 8 años.

El golpe a la ETB no es exclusivo en el sector. Las acciones a nivel internacional de Telefónica Movistar y Millicom han caído más o menos en el mismo porcentaje, pero en euros, lo cual hace que la desvalorización de la ETB haya sido aún peor.

En 2013, cuando la ETB tomó la decisión, había varias razones para pensar que lanzarse a una nueva aventura de telefonía móvil sería un negocio riesgoso en Colombia. Emergían planes de datos con lo que las operadoras estaban perdiendo su ingreso por minutos de voz y, además, ya en muchos países estaba prohibida la famosa cláusula de permanencia que ataba a los clientes a su proveedor celular por mínimo un año. Adicionalmente, los altos costos del espectro y de la infraestructura a desplegar no permitían que el caso de negocio cerrara rentablemente. La entrada de WOM al mercado, en ese momento impredecible, intensificó aún más la competencia, bajando las tarifas a los usuarios y los ingresos de los operadores significativamente.

Una de las razones por las que el operador de Medellín, UNE, decidió transformarse por medio de una fusión en 2014 fue los bajos retornos esperados de su aventura móvil en 4G. Según los cálculos de la empresa, para llegar a punto de equilibrio de la operación móvil se requería tener como mínimo un millón de usuarios e invertir un billón de pesos, la mitad en inversiones en red y la mitad en pérdidas iniciales, recursos expuestos al riesgo de participar en un mercado con competidores de talla internacional. Como ETB, UNE arrancó su aventura celular pero al ver los resultados iniciales corrigió a tiempo para evitar pérdidas.

El plan de negocio de ETB para lanzarse a telefonía móvil estaba destinado a tener inconvenientes desde el principio. Grandes operadores como Claro, Movistar y Tigo podían ofrecer rentablemente los mismos precios de la ETB, mientras que esta última perdía plata por arrancar con cero usuarios. Las economías de escala han sido tan marcadas en este mercado que la gran pelea que se ha dado por años es si se debía castigar con medidas regulatorias a Claro por ser operador dominante, justamente por tener más usuarios. La ETB, en otras palabras, decidió meterse al ring con Mike Tyson, Mohammed Ali y Mano de Piedra Durán al mismo tiempo, y no tenía chance alguno de ganar la pelea.

Adicionalmente la forma en la que se lanzó ETB al mercado móvil no daba buenos augurios. Operar sobre la red de TIGO (que a pesar de ser controlado por la multinacional Millicom siempre tuvo una participación pública del 50%) traía a la memoria que ningún operador móvil virtual (operador que opera sobre la red de otros) ha sido rentable en Colombia.

Mientras en la Alcaldía de Bogotá del gobierno Petro la decisión en 2014 fue invertir fuertemente en el sector de telecomunicaciones, apalancada en un endeudamiento adicional de la ETB de COP 700.000 millones y los recursos provenientes de la venta a UNE del 25% de Colombia Móvil - Tigo por alrededor de COP 400,000 millones, la Alcaldía de Medellín tomó un camino diferente al fusionar su operación con la operación de TIGO, recibiendo recursos de más de COP 2 billones provenientes de la transacción que hoy están invertidos en obras en la ciudad.

Lo sorprendente es que la reciente valoración realizada por EPM del 50% de la entidad fusionada resultó en un valor de 2.5 billones de pesos. A diferencia de la ETB cuyo valor en bolsa cayó 80%, la participación remanente de EPM en UNE no ha perdido valor desde 2014, debido a la captura de sinergias significativas en la unión de las operaciones. A hoy Medellín le ha sacado a su empresa de telecomunicaciones 2 billones de pesos en efectivo que se invirtieron en obras para la ciudad y conserva más 2.5 billones por su participación del 50% en la entidad fusionada, mientras tanto la ETB, de acuerdo con el precio de su acción, solo vale 400.000 millones.

Gran parte de la diferencia en el comportamiento del valor de UNE y de la ETB se debe a que UNE es administrado por Millicom, una empresa multinacional con gran experiencia en este tipo de mercados, mientras que ETB es administrada desde lo público, donde los incentivos pueden ser políticos y no de creación de valor por medio de utilidades para la ciudad. A pesar de que la operación móvil fue dando pérdida con el tiempo, las directivas de la ETB, tal vez por el miedo a verse inmiscuidas con los entes de control, continuaron con la operación.

Lo sorprendente es que ETB, para entrar en el mercado móvil, pagó consultorías a Delta Partners por COP 80,000 millones, equivalentes a contratar a 100 profesionales de 10 millones mensuales de pesos por 4 años, llegando a conclusiones que desde el punto de vista de esta columna fueron desacertadas. El valor de la consultoría es aun más debatible cuando, en el período de 2014 a hoy, la ETB ha tenido pérdidas acumuladas por más de COP 50,000 millones.

El presidente de la ETB no debe renunciar a su puesto por las pérdidas que se generaron, dado que las decisiones en una empresa las toma una estructura de gobierno corporativo y no un vicepresidente, pero peca al asignar las culpas a su predecesor. El desempeño financiero de la mayoría de las empresas de telecomunicaciones cayó como un ladrillo en los últimos ocho años en Colombia y en el momento del lanzamiento de la iniciativa móvil ni la junta directiva de ETB ni sus ejecutivos lo vieron venir. Decidieron aumentar su apuesta en el sector, apoyados en el consejo de un consultor que tampoco avistó la tendencia. Es el juego del capitalismo en competencia donde las empresas públicas muchas veces están en desventaja y, por lo tanto, deberían evitar participar directamente.

El autor de esta columna fue presidente de UNE en 2014 y dirigió la negociación de la compra del 25% de la ETB en TIGO.

Fuente: Semana – Noviembre 11 de 2022

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