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Jue, Sep

Telecomunicaciones

Pese a que la fibra óptica es la tecnología de acceso fijo más veloz, no llega a todos los hogares del país. Panorama de la conectividad en Colombia.

El pasado 22 de agosto, el gobierno argentino declaró internet un servicio público esencial, como la electricidad y el agua. Lo hizo en un intento por garantizar su acceso a todos los ciudadanos en el marco del COVID-19. Y aunque la decisión debe ser aprobada por el Congreso, puso de manifiesto el carácter vital que ha adquirido la red para evitar el colapso de múltiples actividades durante la contingencia: potenció las clases virtuales, facilitó el contacto con otras personas, impulsó el comercio electrónico y es esencial para el trabajo remoto, por ejemplo. Con la pandemia, llevar conectividad a todos los rincones se volvió una prioridad para los Estados, si es que no lo era ya.

En Colombia, internet no es considerado un servicio público. Al igual que la televisión por cable, llega solo a donde pueden pagar por él. Pese a que el Gobierno ha creado varios programas para llevar conectividad a las regiones apartadas, todavía es una tarea incompleta.

Ejemplo de ello es la Institución Educativa Rural La Cadena, cerca al municipio de Carepa, en el Urabá antioqueño, que opera por medio de la Fundación Isaías Duarte Cancino. La escuela no posee un sistema que le permita implementar las clases virtuales propiamente dichas. Y aunque lo hiciera, el 80 % de sus 690 alumnos vive en asentamientos irregulares y solo 172 pueden acceder a material académico vía WhatsApp.

Los docentes de la escuela lanzaron una campaña en julio para recoger computadores, celulares y equipos similares en buen estado con el fin de crear un sistema de préstamos e intentar hacer encuentros virtuales. Hoy tienen 24 equipos donados, pero necesitan 250. Además, hicieron una campaña de crowdfunding para financiar una red local, pues aunque hay un quiosco Vive Digital del Mintic en Carepa, según la profesora Lina Corredor, no funciona y está lejos de la vereda en donde vive la comunidad educativa.

“Independientemente de que los colegios sean privados, oficiales o de cobertura, se debe garantizar el acceso a la educación de todos los niños y adolescentes del país, no solo a los de la ciudad”, le dijo Corredor a El Espectador en julio. Para esta institución, conectarse a las redes del país está en sus propias manos.

¿Dónde está la fibra óptica?

Al hablar de conectividad hay que remitirse a la infraestructura que permite llevar internet a los lugares más apartados, por lo que la pregunta sobre la fibra óptica resulta relevante. Se trata de un material de vidrio que puede transmitir las señales de telecomunicaciones, datos e imágenes, a través de haces de luz.

“Tener fibra óptica es tener una autopista de mayor cantidad de carriles, en donde puedo poner una mayor cantidad de autos —que sería la información— y viajar a mayor velocidad que con tecnologías como cobre o coaxial”, explica Luis Fernando León, gerente de Canales para América Latina de Corning, que brinda fibra óptica a los operadores del país.

Según León, aunque la penetración de fibra hasta el hogar es mucho más baja en Colombia que en otros países de la región, como Brasil o México, la pandemia ha hecho que hoy sea una tecnología más solicitada. De hecho, la demanda de fibra óptica de Corning en Colombia ha crecido un 8 % sostenido.

Una de las iniciativas más ambiciosas del Gobierno para llevar esta infraestructura a varias regiones del país fue el Proyecto Nacional de Fibra Óptica, adjudicado en 2011. Este buscaba desplegar fibra con puntos de llegada en cabeceras de 788 municipios que no contaban con acceso a dicha tecnología.

El proyecto fue adjudicado al contratista Unión Temporal Fibra Óptica Colombia (conformado por las firmas TV Azteca S.A.B. de C.V. y Total Play Telecomunicaciones S.A. de C.V.) y permitió el despliegue de, aproximadamente, 20.000 km de fibra óptica, que equivalen a ir desde Riohacha hasta Leticia unas once veces.

Según cifras del Mintic, el proyecto conectó a 786 municipios, beneficiando a 2.000 instituciones públicas y más de cuatro millones de personas a escala nacional. Sin embargo, eso no quiere decir que todos los habitantes estén pagando por el servicio en dichas regiones hoy en día.

La iniciativa contempló la prestación del servicio de internet mediante tarifas sociales (más asequibles) en modalidades prepago y pospago. Pero este beneficio culminó el pasado 31 de diciembre, por lo que hoy es potestad del usuario acogerse o no a las tarifas de los operadores. La cartera explicó que hoy ejecuta el programa Hogares Conectados, que ofrece tarifas mensuales desde $8.613 para estrato 1 y $19.074 para estrato 2. Han avanzado en la instalación de internet en 267.000 hogares de 24 departamentos y su meta es conectar 500.000 hogares al cierre del cuatrienio.

¿Cómo se conectan los colombianos a internet?

Desde enero de 2019, Colombia tiene una nueva definición de banda ancha; es decir, de acceso a internet de alta velocidad. Según la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), se considera servicio de banda ancha cuando se tienen velocidades mínimas de 25 Mbps de bajada (descarga de datos) y 5 Mbps de subida (carga de archivos). Aún así, según el Mintic, la velocidad de descarga promedio nacional del servicio de acceso fijo a internet en el cuarto trimestre de 2019 fue de 18,9 Mbps, muy por debajo del promedio.

Pese a que la fibra óptica es la tecnología de acceso fijo a internet que presenta la mayor velocidad de descarga en todo el país (45,3 Mbps), no es la principal. Según el Mintic, al término del cuarto trimestre de 2019, fue superada en número de accesos por la combinación fibra-cable coaxial (4,14 millones de accesos), que utiliza las conexiones que llevan imagen y sonido a los televisores, y por la tecnología xDSL (1,51 millones de accesos), que envía información por medio de líneas telefónicas convencionales. La fibra óptica de punta a punta (que en todo el recorrido utiliza esta tecnología) registró 960.000 accesos en ese período.

Además, cada vez más colombianos se conectan a internet por medio del celular, pues les resulta una inversión menor. A finales de 2019, el total de accesos a internet móvil en Colombia alcanzó los 30,9 millones, superando con creces los accesos fijos, que fueron de 6,96 millones.

“Para los operadores es mucho más razonable tender cables para dar la señal de telefonía celular y no fibra óptica, porque no tienen suficientes usuarios interesados que paguen por esa conexión”, opina Pilar Sáenz, coordinadora de proyectos de la Fundación Karisma.

Al término del cuarto trimestre de 2019, el proveedor con mayor número de accesos fijos a internet fue Comcel (Claro, con 2,66 millones), seguido por UNE EPM (1,51 millones), Movistar (990.000) y ETB (630.000). En ese momento, el proveedor con mayor número de accesos a internet móvil fue Claro (17,2 millones), seguido por Movistar (6,9 millones), Tigo (4,7 millones) y Avantel (800.000).

Las dificultades de implementar fibra óptica

Pese a que algunos operadores han priorizado el internet móvil —a raíz de la adjudicación de nuevos bloques de frecuencia en el espectro electromagnético nacional—, aseguran que invertir en fibra óptica todavía es fundamental. “Si hoy, con las nuevas necesidades de conectividad planteadas por la pandemia, no tuviéramos telecomunicaciones desarrolladas a partir de esta tecnología, estaríamos en una situación de productividad más compleja”, aseguró Sergio González, presidente de ETB.

Este operador anunció recientemente una inversión de más de $1,2 billones en cobertura de fibra óptica para Bogotá en los próximos cuatro años. Además, según González, durante la pandemia se duplicó la demanda por sus planes con esta tecnología.

Movistar Colombia, por su parte, asegura que se ha concentrado en el despliegue de fibra óptica para internet fijo, con inversiones por $513.000 millones y más de un millón de hogares con esta tecnología. Claro afirma que hoy ofrece cobertura de la red HFC —fibra óptica y coaxial— en 86 ciudades y FTTH —fibra óptica hasta la casa— en 19. Además cuenta con un despliegue de 88.148 kilómetros de fibra, 17.500 kilómetros de cable submarino y tres centros de datos en el país.

De acuerdo con los operadores, las principales dificultades que ven a la hora de masificar esta tecnología en el país tienen que ver con permisos de construcción y mantenimiento de las redes, además de los precios de los arriendos de la infraestructura eléctrica y la cantidad de regulaciones del sector.

“Llevar la fibra óptica hasta la casa del cliente nos obliga a pasar por diferentes espacios. La consecución de los permisos puede llegar a ser una de las etapas más complejas para la construcción y despliegue de la red”, explicó Luis Germán Peña, director de mercadeo de Movistar Colombia.

Pensar la última milla desde las regiones

Si bien hay infraestructura de internet en el territorio, esto no garantiza que se conecte al usuario con la red troncal, distancia conocida como última milla. Es allí donde los ciudadanos, empresas e instituciones educativas deben acceder con recursos propios al servicio de internet de banda ancha.

Para resolver esta brecha, el Mintic adelanta iniciativas con el fin de llevar soluciones inalámbricas a zonas con mayor complejidad de acceso en la Orinoquia, Amazonia y el Pacífico chocoano, y para brindar zonas de internet gratuito en 381 municipios. Según la entidad, se prevé la instalación de 10.000 nuevos centros digitales en instituciones y sedes educativas y se contrató la instalación de 550 nuevas zonas para las áreas rurales de 191 municipios.

No obstante, según Sáenz, de la Fundación Karisma, es necesario empezar a consultarles a las comunidades sus necesidades en materia de conectividad y apoyar las iniciativas que allí surgen, como en el caso de la escuela La Cadena. “Para mí, el problema es que estamos pensando la última milla desde Bogotá, no con la comunidad. Y lo estamos pensando desde el modelo comercial en el que damos gabelas a los privados para que ellos cumplan esa función del Estado de llevar la conectividad allá”, afirma.

En ese sentido, opina que se deberían apoyar más modelos híbridos, como redes comunitarias, servidores locales y otras formas de comunicación que surjan desde lo local. “Así tengo capacidad para empoderar a las comunidades a que generen sus propias infraestructuras y se imaginen cuáles son sus necesidades. El Gobierno estaría ayudándolas directamente, no viéndolas desde un telescopio”, concluye Sáenz.

Fuente: El Espectador – Septiembre 1 de 2020

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