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Mar, Jun

Otras Empresas

Sobrevivió a un cáncer, el confinamiento lo dejó sin trabajo y ahora se quedó sin dónde vivir. Una antena de American Tower Colombia, ATC cayó encima de su casa.

Esto no fue un cuento. Cuando Pedro Martínez, de 38 años, sintió un estruendo y luego abrió los ojos, el techo de su casa se les había caído encima a él y a su pareja, Paola Sotelo.

Lo perdieron todo. Una antena de telecomunicaciones se derrumbó por un ventarrón que, la noche del lunes, hizo tronar los techos del barrio Belén, en la localidad de Santafé.

Entre los escombros que quedaron había una tarjeta que decía: “Pedro Edison, cuentero”. Estaba sobre una foto suya en el Chorro de Quevedo, frente a una multitud de gente, y ahí surgió la historia del cuentero en cuarentena. 

Pedro Martínez dice que desde niño lo picó el amor por las palabras. “Es que mi abuelo solía contarme muchas historias y, bueno, tengo un papá al que las palabras le salen por todos lados. Habla hasta por los codos”.

También dijo que un día, cuando tenía 11 años, escuchó a un cuentero que lo llenó de emoción. “Fue tan bonito. No recuerdo su rostro, pero sí sus historias: El amor del elefante rosado y la hormiga y la historia de la Navidad y el amor de la familia”.

Entonces desde que estaba en el colegio se ponía a cuentear en cualquier rincón, luego hizo lo propio en la universidad hasta que, hace 20 años, supo que ese iba a ser el oficio de su vida. 

Pedro se hizo famoso en el Chorro de Quevedo; de hecho, coordinó ese espacio durante años. Allí ha hecho sus mejores presentaciones, tan buenas, que incluso ha representado al país en festivales internacionales en Perú, Ecuador y México. “Hoy procuro estar pendiente de esta movida porque esa es la cuna de la cuentería en Bogotá”. 

Y es que la cuentería para Pedro lo es todo. Él dice que lo más bello es sentir la libertad que le ha dado el don de la palabra y ver los rostros de la gente cambiar a medida que trascurren las historias. Transitan por todas las emociones posibles. 

Pero como todo cuento, también ha tenido muchos problemas en su vida. “Más joven yo tenía una vida muy desordenada, bohemia. Un día, estando en Panamá, de mochilero, me enfermé. En ese país me diagnosticaron cáncer en la sangre. Eso fue hace seis años”.

Activamos una mochila virtual para que la gente nos hiciera donativos y así tener alguna entrada. Es que estamos viviendo entre el coronavirus y el hambre

En Colombia confirmó el diagnóstico. Le dijeron que le quedaba un año y medio de vida, que la quimioterapia podía extender ese plazo y que un trasplante de médula era una opción arriesgada. “Fue muy duro. Es mis condiciones opté por una terapia holística basada en un cambio de alimentación y de vida, y pues no sé por qué, pero aquí estoy”.

Claro, tuvo que matar al Pedro de antes. El que consumía drogas y trago, y volver a nacer. “Ese era un tipo mechudo y borracho, no se quería e invertía más en licor que en una buena comida. Lo que ganaba se lo gastaba con los amigos y nada para cuidarse o vestirse bien”.

Llevaba seis años disfrutando de una vida sencilla pero sana y feliz hasta que llegó la cuarentena, que minó sus posibilidades de trabajo en la calle. “Nuestro gremio está muy afectado. Este mes era como nuestro agosto porque como se celebra el día del idioma solían llamarnos de los colegios y las empresas para que hiciéramos presentaciones”. 

Pedro, sin embargo, se reinventaba con un festival llamado ‘Virando cuentos’, que hacía con unos amigos de manera virtual los fines de semana para niños y adultos. “Activamos una mochila virtual para que la gente nos hiciera donativos y así tener alguna entrada. Es que estamos viviendo entre el coronavirus y el hambre”.

Sus antecedentes de salud lo hicieron confinarse aún con más cuidado en su casa, hasta este martes, cuando todo imaginó, menos que una antena de telecomunicaciones fuera a caer encima de su casa. “Llevo tres semanas en cuarentena cuidando mi salud y mire usted, ayer me hubiera podido morir. Estábamos viendo una película con mi pareja cuando se sintió una ventisca que golpeó fuerte tejados y ventanales. Luego sentimos un estruendo. Una antena de 70 metros, de la empresa Claro Colombia, que está ubicada en el patio de una casa y que tiene unas maletas de unos 50 kilos de peso cada una, había caído sobre nosotros”. 

Afortunadamente las consecuencias no fueron fatales, pero los dos resultaron heridos. Un abrazo los salvó de morir. “Yo tengo una herida en la nariz y mi pareja, en el brazo. Pero pudo ser fatal. Estamos agradecidos con la vida”. Hoy con sus cosas dañadas y el apartamento inhabitable, la recomendación del Idiger es que busquen para dónde irse. “Nos ayudan con un mes de arriendo, pero primero me da temor exponerme al virus y segundo, pues nuestra vida está en este barrio y en La Candelaria. En esta época las cosas no son fáciles”. 

Por ahora, están esperando a que la empresa ATC aparezca . “Por esto que nos pasó, le digo a la gente que está en sus casas: a uno le cambia la vida en cualquier momento. Por eso, ustedes que sí pueden quédense en la casa, valoren tener agua, poder lavarse las manos, tener una cobijita, amen la vida y la salud, que son tan bonitas”.

Yo tengo una herida en la nariz y mi pareja, en el brazo. Pero pudo ser fatal. Estamos agradecidos con la vida

¿Qué dice la empresa a cargo de la antena? 

ATC Sitios de Colombia, una Compañía dedicada a desarrollar infraestructura para las telecomunicaciones dijo que el accidente se produjo  producto de fuertes vientos y lluvias que se presentaron en las últimas horas este sitio que presta servicios de telecomunicaciones.

"Desde que tomamos conocimiento del incidente, activamos nuestro protocolo de manejo de emergencias en coordinación con las autoridades locales para responder de forma inmediata a los requerimientos de la situación y los posibles daños que se hayan ocasionado". 

Agregaron: "Nuestra máxima prioridad es la seguridad de las comunidades en donde se encuentran instalados nuestros sitios y estamos trabajando en resolver y atender las necesidades generadas producto de este incidente con las personas y las propiedades afectadas"

Fuente: El Tiempo – Abril 8 de 2020

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